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Articulos basados en Chespirito

El Chavo del Ocho, por que lo aman los niños?

1. Chespirito

Había una vez, en el siglo XX, un hombre feo y pequeño llamado Roberto Gómez Bolaños alias Chespirito. Con una capacidad teatral extraordinaria y grandes dotes de imaginación forma un equipo y construye, sobre la problemática del pueblo mexicano (¿latinoamericano?), una serie de programas de televisión.

Chespirito representa al Chapulín Colorado, el antihéroe del chipote chillón y del no contaban con mi astucia... que defiende, con torpeza y entusiasmo, a quienes se encuentran en problemas; y al Dr. Chapatín, un profesional inútil y distraído, que parodia los errores médicos. Actúa en el papel de Napoleón Chaparrón, afectado por la chiripiorca y comparte con su amigo Lucas, las locuras de un mundo irreal. Como Chómpiras, acompañado de Botija y la Chimoltufria, sufre la realidad de los barrios bajos y representa al ladronzuelo, al lumpen mexicano. En El Chavo del 8 discute los problemas de una barriada pobre e incluye un componente distinto: el de los niños-adultos.

Todos los programas se refieren a grupos sociales en desventaja (viejos, profesionales decadentes, chiflados, marginales, niños...) y asumen la perspectiva cantinflesca tan famosa en América Latina. Su premisa de base es la de reír llorando o llorar riendo... Es la mezcla de la tragedia social y de la torpeza cotidiana, es el drama que conmueve y se quiebra en risas espontáneas.

La critica social resulta evidente. Los mexicanos-latinoamericanos no viven bien, sufren, cargan sus miserias y ríen su desesperanza. En apariencia todos los programas mantienen y reproducen un sistema social injusto sin proponer soluciones político-ideológicas, sin embargo, la hipótesis que sostiene este comentario es que existe una ruptura, un quiebre con la lógica causalista y logocéntrica en un nivel mas profundo, más pulsional, más semiótico.

2. EL CHAVO DEL 8: Un hogar colectivo.

2.1. La familia ideal no existe...

En un viejo y gran estañón, inhóspito y cálido, vive un niño al que apodan el Chavo. El patio de una pequeña barriada marginal mexicana le sirve de paisaje a este muchacho solitario. El Chavo no tiene padres ni hermanos, pero convive con los vecinos.

En la barriada no existe ninguna familia completa, tal y como se concibe en occidente: Doña Florinda y Don Ramón son viudos y cada uno vive con un hijo, Quico y la Chilindrina. Doña Clotilde, la bruja del 71, es soltera y, el Chavo, representa al niño abandonado que un día llega al lugar con un motete de ropa y se queda a vivir para siempre.

Los otros, los que vienen de visita tampoco tienen pareja. El profesor Jirafales es soltero; el dueño de la propiedad, el señor Barriga, cuida de su hijo Ñoño; Jaimito, el cartero campesino nunca se ha casado; la bisabuela de la Chilindrina, doña Nieves y Popis, la prima de Quico, visitan el barrio sin compañía.

Los adultos viven solos (sin otro adulto) y ninguno de los niños tienen hermanos. Existen atracciones entre ellos pero no llegan a compartir sus vidas. Doña Florinda y el profesor Jirafales se aman pero nunca lo expresan directamente; doña Clotilde suspira por don Ramón pero éste la desprecia; el Chavo sueña con una de sus compañeras de escuela y no se da cuenta de que la Chilindrina lo persigue enamorada...

La noción convencional de familia se pierde, pero no así los lazos afectivos. En el barrio se reparte la pobreza; se trenzan las emociones; se comparten la desesperanza, los juegos, la astucia y la alegría momentánea. Los pleitos y la agresividad de las relaciones son vencidos por el cariño. A pesar de los actos hostiles, de las acciones violentas, de la estudiada indiferencia, en el ambiente prevalece lo positivo.

2.2. Un ambiente hacia adentro: (el micro mundo)

El mundo más importante es el de "adentro", los vecinos comparten el patio y es ahí donde se relacionan cada día. Las salidas al mundo "exterior" son, fundamentalmente, a la escuela del profesor Jirafales, a la calle para realizar pequeños "negocios" o al restaurante de doña Florinda...

Lo exterior penetra en la barriada a través de los visitantes. El profesor Jirafales tiene la dignidad del maestro de escuela y la llave del amor platónico. Representa el conocimiento, el saber académico, la pobreza del intelectual... Ñoño y la Popis son los niños bien, los modelos para el estilo de vida de Quico.

El señor Barriga, dueño del inmueble, aunque le produce una enorme angustia a don Ramón cuando viene a cobrar el alquiler, termina por perdonarle el atraso. Incluso no vende la propiedad por temor a que los vecinos resulten perjudicados. El señor Barriga se siente bien en la barriada y no enfrenta las relaciones como el dueño del poder. Jaimito emigra del campo a veces da la impresión de que llega al patio en busca de consuelo y de descanso momentáneo. La abuela, doña Nieves, encuentra compañía en su yerno y nieta.

El mundo del patio se convierte, entonces, en un mundo segurizante sicológicamente, más o menos acogedor, en un mundo que protege de lo externo y que, quizás, permite la evasión.

2.3. ¿Legitimar la marginalidad? (el macro mundo)

Estos personajes marginales sufren las consecuencias de una sociedad con injusticia social: don Ramón busca eternamente trabajo; doña Cleotilde apenas sobrevive con su pensión; Jaimito no puede adaptarse a las condiciones de la ciudad; el Chavo vive, prácticamente, de la caridad ajena.

La sociedad como tal no se preocupa de este grupo social desposeído, ni parece intención del guionista protestar directamente por esto y pedir reivindicaciones. El mundo exterior (la sociedad) es amenazante y la solución se da con la solidaridad interior (grupos de individuos). Desde el punto de vista político-ideológico, en apariencia, se estaría ante un programa profundamente conservador. Un programa que legitima la marginalidad, la pobreza y no propone ningún cambio.

El Chavo no tiene historia. No tiene nostalgia de pasado ni grandes proyectos de futuro. El Chavo vide del detalle cotidiano, sus preocupaciones marcan la sobrevivencia. Y quienes leen (ven) el programa desde una perspectiva política se pueden preguntar: ¿Cuál es la esperanza de integración de estos personajes al mundo externo, a la sociedad?

3. Una ruptura de la lógica convencional: la ambigüedad

3.1. ¿Niños-adultos o adultos-niños?

La jerarquía de generaciones se rompe en El Chavo del Ocho. El escogimiento de adultos (incluso avejentados como en el caso del protagonista) para representar personajes niños quiebra la lógica y mantiene la ambigüedad: la imagen física de Quico, Ñoño, la Chilindrina, la Popis, el Chavo... es la de personas adultas, pero tanto social como sicológicamente representan niños. Los otros personajes los asumen como escolares: los regañan y los protegen.

Cada uno de estos personajes se viste con ropa infantil, sobre todo las niñas, Quico y Ñoño. El Chavo, por ser tan pobre, usa una ropa menos "aniñada", pero a la vez más cantinflesca... La Chilindrina está cambiando los dientes, usa colas de caballo, calzones "bombachos" y le resaltan las pecas. Quico y Ñoño se ven ridículos con sus grandes piernas apenas cubiertas por un pantalón corto y zapatos escolares.

La manera de hablar casi siempre acompañada de gestos reiterativos y frases hechas, enfatiza en su calidad de infantes, pero lo hace burlándose de "aquello que algunos adultos creen que son los niños", de los "estereotipos" y prejuicios que se tienen sobre ellos, de su "falsa" ineficiencia e inutilidad... Más que niños son caricaturas de niños.

El planteamiento no se reduce a estos rasgos externos: esos niños son audaces, astutos, inteligentes, simpáticos, afectivos. Lloran y ríen, pelean y perdonan, crean y luchan por obtener lo que necesitan, pero también son capaces de ceder y dar.

Los adultos (Doña Florinda, Don Ramón, El profesor Jirafales, Doña Cleotilde, Jaimito, el señor Barriga, Doña Nieves...), por su parte, tampoco escapan de la ambigüedad: tienen figura y socialmente se les considera personas mayores y sin embargo, a menudo se comportan como niños -como estereotipos de niños-: hace gestos, pelean, gritan, juegan, son torpes...

Esta actitud muchas veces "infantil" de parte de los adultos, la figura adulta de los niños y las actitudes contradictorias de ambas "edades" rompen la lógica establecida.

Además, si se toma la relación clásica entre generaciones, habría que señalar que, a cada momento, existe un intento por subvertir la autoridad, el poder de los "grandes" quienes se muestran débiles e incapaces de resolver los detalles cotidianos más elementales. La sabiduría popular termina por ayudarles a sobrevivir en colaboración, pero con roles etarios (diferencias de edad) no muy marcados.

3.2. Los roles sexuales: ¿funciones compartidas?

Otro aspecto interesante es el de los sexos. Hombres y mujeres conviven sin que se perciba, verdaderamente, una diferenciación de roles. Existe una burla hacia el instaurado "machismo" mexicano y hacia la pretendida fragilidad femenina. La debilidad del hombre (y de la mujer fuerte como doña Florinda) se muestra en lo sentimental (los hombres son tan emotivos... como las mujeres...).

Las carencias (carencia del otro en la familia) obliga a asumir los trabajos o las iniciativas de manera indiferenciada: don Ramón hace labores de ama de casa. Doña Florinda asume el rol de "cabeza" de familia. Doña Cleotilde y la Chilindrina toan la iniciativa amorosa frente a don Ramón y el Chavo.

No se puede hablar de una "inversión" de roles, lo que marcaría, otra vez, un sentido social maniqueo, sino, mas bien, de una ambigüedad. Se rompe de nuevo la jerarquía, esta vez del poder que ejercen los varones sobre las mujeres, y se hace jugando con los estereotipos.

3.3. Los buenos no siempre son bellos: ¿no creen?

Diferente a los héroes simbólicos que unen a su bondad, la verdad y la belleza, los personajes de El Chavo del Ocho son más bien desagradables a la vista. Representan seres de carne y hueso a los que las condiciones sociales no les permiten usar ropas finas y elegantes para "mejorar" su aspecto físico y, en general, caracterizan tipos humanos desfavorecidos por la naturaleza: o son débiles, de poca estatura, encorvados y feos o tienen exceso pelo y de arrugas.

A la Chilindrina le faltan dientes y le sobran pecas. Los cachetes inflados de Quico son tan característicos como la "panza" del señor Barriga o la estatura -sobresaliente para el medio- del profesor Jirafales.

Los gestos exagerados contribuyen a volver más "caricaturescos" a los personajes, pero las miradas tristes y preguntonas del Chavo, las risas pícaras de la Chilindrina, el asombro de don Ramón, la expresión de doña Florinda y el profesor Jirafales tornan más cálido el ambiente.

Convivir con ellos diariamente no hace a los personajes de la serie más hermosos, sin embargo, es indudable que, con el tiempo, los receptores -sobre todo infantiles- los encuentran más graciosos, más simpáticos y más humanos.

3.4. Un mundo solitario no-maniqueo: valoración ética y social.

Existe, desde luego, una diferencia social entre los personajes de El Chavo del Ocho; en la barriada se juntan una pensionada venida a menos de su vejez, una familia que pierde estatus económico al morir el padre, un desempleado eterno y un niño abandonado. Sus aspiraciones sociales son diferentes pero, en medio de la marginalidad, también sus posibilidades reales. En el mismo espacio, unos viven mejor que los otros.

Los personajes que vienen del exterior no actúan como una amenaza real para el medio: tanto intelectual (el profesor) como el propietario penetran en el ambiente como algo positivo, parecen querer abrir la esperanza a un mundo mejor, donde los unos piensen y se preocupen por los otros.

Y vale la pena preguntarse: ¿Por qué insistir siempre en que el que posee (es dueño, tiene el poder) no tiene remedio?, ¿Por qué no abrir la esperanza a un cambio en el ser humano?, ¿Por qué no privilegiar la posibilidad de ser solidarios, sobre el canibalismo?.

El problema es un problema del Estado, de la sociedad, eso es innegable. Sin embargo, ¿no será importante insistir, también, en un cambio de la persona? ¿Cambiarían realmente las relaciones sociales si el hombre sigue pensando solamente en su beneficio particular...? ¿Si el hombre, cuando llega al poder, pisotea las ideas más sublimes en nombre de sus intereses individuales? (y sino que lo nieguen los últimos acontecimientos en la Europa socialista...)

El mundo que presenta El Chavo del Ocho es un mundo solidario no-maniqueo, los personajes no son unos héroes y otros anti-héroes, unos buenos y los demás malos, no representan unos lo positivo y otros lo negativo.

Los personajes son personas un poco extrañas, quizás poco convencionales. Son seres humanos que actúan mejor o peor según las circunstancias y aunque la sociedad no los favorece, representan esencialmente lo positivo.

Si usted le pregunta a un televidente quienes son los buenos y quienes los malos de la serie no podrá contestarle, si acaso le dirá que son unos pobres hombres, unos pachucos, unos tipos raros o medio locos o, tal vez, haga referencia a ciertas acciones o actitudes particulares y las califique, mas no podrá hacer una valoración ética radical de los personajes, como en otros programas. También desde esta perspectiva la ambigüedad se mantiene.

4. La pulsión atraviesa lo establecido: El humor.

La tragedia pintada en el gesto de la cara, la contracción de los cuerpos, los movimientos desacompasados se resuelven en acciones chistosas, en palabras cómicas.

Los personajes son tragi-cómicos. No solo por su físico y su indumentaria sino por su personalidad, sus reacciones y el resultado de las acciones que emprenden o a las que se ven enfrentados.

Lo serio sustituye a lo cómico y viceversa. Unos sonríe por lo que sabe que inminentemente va a suceder, lo previsible (frases hechas, acciones estereotipadas de los personajes), pero suelta la carcajada ante lo imprevisto, ante lo espontáneo y poco usual. Se juega entonces con lo que se espera y sucede y con la sorpresa.

La torpeza física o intelectual de los personajes es otra de las estrategias que se utilizan para romper el hilo conductor y provocar la risa. Esta tensión existente entre lo probable y el quiebre permite que no se caiga en la monotonía y la rutina, mantiene la atención y cierta curiosidad en el teleespectador.

El juego se da no solo a nivel de las acciones reiteradas o sorpresivas, de los movimientos desacompasados e imprevisibles, de la temática a veces truculenta e hiperbólica. Se da, y quizás predominantemente, en el lenguaje.

Los nombres siempre son significativos y se burlan o representan alguna característica de sus dueños: ¿Cómo no imaginar gordo al señor Barriga, alto al profesor Jirafales, bulliciosa a doña Florinda o misteriosa a la bruja del 71, joven al Chavo, faldero a Quico, tontoneco a Ñoño, frágil a Jaimito, de cabeza cana a doña Nieves o creída a la Popis?

Es curioso el atractivo que tienen para Chespirito las palabras que se inician con la única letra combinada del abecedario: la ch. La chiripiorca, el chipote chillón, el chusma-chusma, ... la Chilindrina, el Chavo, la Chimoltrufia, el Chómpiras, Chaparrón, el Chapulín Colorado...

La caricatura de niños-adultos y adultos-niños se fortalece con un lenguaje estereotipado, lleno de frases hechas, enumeraciones y repeticiones, a las que acompañan ruidos diferentes, y sobre todo, gestos particulares.

La hipérbole esta a la orden del programa: las risas escandalosas y peculiares ceden su lugar a fuertes chillidos y llantos representativos. Las expresiones de alegría, tristeza, desesperación, cólera, imposición... siempre van acompañados de carcajadas, lloros o gestos reiterados.

Las emociones se caracterizan con gestos y frases hechas que llegan a identificar a los personajes y son esperadas ante situaciones concretas. Baste recordar la colérica reacción de la Chilindrina y su llanto escandaloso cada vez que la contradicen o la molestan; los mofletudos cachetes de Quico y su eterna suplica al Chavo "cállate, cállate, que me desesperas". El ofrecimiento eterno de una tacita de café de doña Florinda y su no te juntes con esa chusma El "compermisito dijo Monchito" de don Ramón... o el "no le gustaría un regalito" de la bruja del 71.

El Chavo, por su parte, también gesticula de manera exagerada: salta, respira con dificultad, se pone ansioso, le da la garrotera, se queja tristemente porque no le tienen paciencia y se disculpa con su ya famoso se me chispoteó o fue sin querer queriendo.

Esta última frase condensa toda la ambigüedad lingüística que tan a menudo aparece en el programa: el si-no, la contradicción, lo que es y al mismo tiempo. Don Ramón cuando se enfurece tira la gorra al suelo y la patea como un niño malcriado; Jaimito, siempre cansado, carga la bicicleta ya que no sabe usarla y los clientes tienen que buscar sus cartas porque el cartero necesita evitar la fatiga.

Tragedia y comedia se complementan o mas bien son al mismo tiempo, no como dos polos de una misa realidad, sino como el instante de la realidad misma.

El Chavo del 8 es uno de los programas que mas crítica y poca atención recibe de los adultos, quienes lo consideran tonto, de mal gusto, conservador y perjudicial para sus hijos, puesto que les enseña a ser malcriados y respondones.

Todo lo contrario sucede con los niños, con esas personitas que viven intensamente las emociones y son capaces de sentir, soñar, percibir lo que va más allá de la apariencia, del discurso estereotipado, de la autoridad impuesta, de lo establecido... Como se demuestra en diferentes investigaciones sobre la recepción: es su programa favorito.

Los niños critican verbalmente a los personajes y las acciones de la serie como los adultos se lo indican, pero los aman, se identifican con ellos y los imitan porque les abre la posibilidad de un mundo diferente: un mundo sin adultos autoritarios todopoderosos; un mundo de travesuras; una realidad llena de conflictos que pueden solucionarse con solidaridad, donde los torpes y débiles encuentran la forma de sobrevivir. Un mundo que permite la trasgresión, la agresividad sin consecuencias dañinas, un mundo trágico donde se es capaz de sonreír...

1- Este comentario se inspira en la excelente tesis de Isaura Lobo, Marcela Padilla y Jaime Robert: La influencia de la televisión en la conformación de una visión de mundo en niños en edad preescolar. Pero sobre todo se inspira en las discusiones sobre la lectura de la serie: la de ellos privilegiando lo político, ideológico y la racionalidad de lo simbólico (lógica 0-1), la mía privilegiando la ambigüedad, lo pulsional, lo semiótico (lógica 0-2). Si se interesan en el tema y en los niños, no dejen de leer ese magnifico trabajo de los compañeros. 2- La teoría del texto de Julia Kristeva plantea como el proceso de la significancia se construye en un dialogo y lucha permanente entre lo simbólico (la estructura, el sistema, lo establecido, la ley, el orden...) y lo semiótico (la diferencia, la ruptura, el quiebre, la pulsión...)

Fuente: Revista Gatopardo / Publicado en Agosto del 2001 por Katia D'Artigues

DVD del Chavo del Ocho

Sitio hecho en Costa Rica por Javier Portugués y Esteban Portugués C.

Chavodel8.com no es el sitio oficial del programa, el contenido se basa en los episodios grabados entre 1970 a 1978.

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