Carlos Villagrán cuenta por que se separó del Chavo

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No importa los años, el “chusma, chusma”, el “cállate, cállate, que me desespeeeeras” de Quico están vigentes. Federico, Quico para los amigos, un chico de nueve años de edad, es un í­dolo. Vestido con su caracterí­stico traje de marinero, gorra de colores, calcetas amarillas y tenis blancos, se presentó en La Paz con el Circo del Sol.

¿Por qué gusta Quico?

Es que es muy sano. Además, es muy raro ver a un personaje que hable con los cachetes inflados, las piernas torcidas, los ojos de huevo frito y ese tipo de cosas llama mucho la atención.

¿No te cansas de ser siempre un niño?

Para mí­ es el trabajo más hermoso del mundo: hacer reí­r a la gente. Además, lo hice tantas veces que me di cuenta que soy un niño con un adulto adentro y todos los demás son adultos con un niño adentro.

Según tú, ¿por qué tiene tanto éxito el programa del Chavo?

Es un programa muy sencillo. Tiene un gran privilegio, es muy sano. Nunca decimos guarangadas. Tuvo y tiene éxito por el chiste tonto, bien hecho, además de juntar a un grupo de actores muy bonito en el que nadie se parecí­a a nadie.

¿Extrañas la vecindad?

Extraño a esa gran familia, sobre todo a don Ramón y a la Bruja del 71 que ya fallecieron.

¿Por qué te separaste del Chavo?

El Chavo del 8 fue creado huérfano, sin casa, sin comida, sin papá ni mamá, para que el televidente lo protegiera. Y Quico fue la contraparte: el rico, el mimado, el envidioso, el egoí­sta. Fue hecho como el villano, pero en el terreno de la comedia se permite al villano simpático y se convirtió en eso, en el villano simpático y a través del tiempo se le fue trepando en popularidad al Chavo. Por eso fue.

¿Cuándo te separaste?

Después del memorable capí­tulo en Acapulco.

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