Felicitación a Carlos Villagrán en su 65 aniversario

Carlos VillagránLa risa es una de las prácticas más antiguas del ser humano. Es más, puede que solo seamos verdaderamente humanos desde que aprendemos a reír.  En medio de las penurias y miserias de la vida, el humor es un bálsamo que nos reconforta el ánimo. Tal vez por eso desde siempre los pueblos han celebrado a los comediantes. Aquellos seres privilegiados que desde la tribuna que ofrece el escenario de un teatro y  la pantalla del cine o la televisión nos han hecho el supremo favor de ayudarnos a reír. Uno de esos entes especiales es don Carlos Villagrán, nuestro inigualable “Quico”, que por estos días cumplirá nada menos que sesenta y cinco años. A él van dedicadas estas palabras.

Carlos Villagrán  Eslava nació en México, el 12 de enero de 1944. Desde muy pequeño, sintió una doble inclinación: el fútbol y la comedia. Afortunadamente para sus legiones de fans sería en este último ámbito en el que acabaría destacando. Tras conseguir algunos trabajos relacionados con el periodismo gráfico y la fotografía, Carlos Villagrán se inició en el mundo de la actuación, donde no era raro encontrarlo al lado de Fernado Luján, Rafael Inclán, los Polivoces o el mismo Rubén Aguirre. Precisamente sería con éste último con quien realizara una actuación cómica sobre un ventrílocuo y su muñeco que encandiló a Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, quien decidió incluir a “Pirolo” (sobrenombre con el que fue conocido Villagrán en sus inicios) en su programa.

De esta forma nace Quico, el personaje que le dio a don Carlos fama internacional y por el que todavía hoy es recordado. Creado inicialmente como la contraparte del Chavo, Quico mostraba en un principio algunas cualidades negativas, como el egoísmo o la envidia. Sin embargo, era imposible odiar a este pequeño “villano”, dada la increíble dosis de simpatía que transmitía en cada palabra, en cada gesto. Cachetes inflados, ojos de huevo frito, piernas torcidas, un llanto peculiar, traje de marinerito y gorra de colores. Todos estos elementos caracterizaban físicamente al mejor amigo del Chavo del ocho. Poco a poco, el que fue concebido como un contraste con el protagonista del programa, se convirtió en una de sus bazas fundamentales. Fue de esta forma que medio mundo se enamoró del “cachetes de marrana flaca”, pues poseía un desparpajo y un fondo de ternura que anulaban sus malas acciones.

Pero no sería este el único personaje inolvidable de Carlos Villagrán. En el programa El Chapulín colorado, don Carlos interpretó también una amplia gama de tipos que lo consagraron como un excelente actor cómico. Desde el policía de barrio hasta el científico despistado (caracterización deudora del genial comediante Jerry Lewis, cuya técnica es seguida por Villagrán); desde el villano chistoso hasta el pobre hombre desvalido. Todos ellos ejecutados por nuestro actor con singular maestría. Destaca, sin embargo, dentro del programa del Chapulín, la magnífica interpretación del villano Cuajináis, personaje que podría haber dado más de sí en caso de haber tenido un mayor desarrollo.

En todos estos trabajos, Villagrán da muestras de su profesionalidad, así como de sus increíbles dotes cómicas. Frente a la gracia natural de otros comediantes, como su inolvidable compañero Ramón Valdez, Carlos Villagrán combina su simpatía personal con un estilo cómico muy medido y ensayado. Efectivamente, las actuaciones de nuestro protagonista son siempre fruto de un estudio que desemboca en unas interpretaciones redondas, geniales, en las que cada gesto provoca la risa y en las que cada frase se dice de la forma más cómica y eficaz posible. 

Ése es el compromiso de Carlos Villagrán para con su público, al que siempre ha querido ofrecerle lo mejor. Compromiso que se traduce en todos los ámbitos de la vida de nuestro actor, pues en su ya larga trayectoria ante los medios, nunca ha aceptado participar en espectáculos soeces, vulgares, donde reinen las malas palabras o las acciones que puedan ofender a los niños o sus familias. Otro ejemplo de ética personal y laboral. 

Esta férrea actitud y voluntad de trabajo se ha manifestado en todos los programas en los que Carlos Villagrán ha participado, incluidas las series que hizo en solitario, como El niño de papel, Federrrico, Kiko botones, El circo de monsieur Cachetón y ¡Ah, qué Kiko!

A esto hay que añadir su actitud siempre amable con los periodistas y sus fans, su enorme accesibilidad, así como esa actitud afable que ostenta en todo momento, con esa conocida prestancia a bromear con sus entrevistadores, transmitiendo de forma constante mensajes sanos y positivos.

Es por estos y otros motivos que Carlos Villagrán se ha convertido en una estrella internacional a ambos lados del Atlántico, desde su México natal hasta España, de Argentina a Corea, de Costa Rica a Marruecos…Y lo que es más insólito, su fama no ha sido flor de un día, ya que nuestro admirado comediante pervive en el corazón de varias generaciones desde hace casi cuarenta años de trabajo ininterrumpido.

De esta forma, conscientes de que la risa es un regalo que los hombres  dan a los hombres, queremos aprovechar el sesenta y cinco aniversario de don Carlos Villagrán para agradecerle los interminables buenos ratos que nos ha hecho pasar con su labor de comediante. Por ello, en nombre de todas las personas a las que ha acariciado el alma con el aroma de la risa, le deseamos:

¡Muchas felicidades, don Carlos Villagrán Eslava!

Autor del texto: José Ángel Quintana, de España

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