“Yo ya vengo deforme de fábrica” Kiko

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Carlos VillagránEl actor brinda una gran entrevista al diario electrónico Vanguardia.com, aprovechando su paso por Bucaramanga (Colombia) este mes de noviembre.

Aunque mil veces lo catalogó como chusma, lo empujó y provocó en él más de una ira producto de las bofetadas estampadas, con o sin justificación, por doña Florinda, Carlos Villagrán Eslava, el mismísimo Kiko, reconoce hoy que su mejor amigo se llama Ramón Valdés. Para el hombre que hizo inmortal a un niño vestido de marinerito y con cachetes hinchados, los cientos de pellizcos que propinó el holgazán padre de la Chilindrina, no superan las miles de alegrías provistas por el actor mexicano que en la pantalla chica fue un vecino rival, pero que hoy, noviembre de 2009, continúa en el corazón de Carlos Villagrán o Federico (como le quieran llamar).

Este par de genios de la actuación parecen romper el mito de que serán inmortales sólo por sus caracterizaciones en el programa latinoamericano más visto de la historia (El Chavo del Ocho), pues el sobreviviente evoca como su mejor compañía, a don Monchito, el flaco Valdés que el 9 de agosto de 1988, hace 21 años, partió de este mundo atrapado por un cáncer fulminante.

Qué linda sorpresa entregó Carlos Villagrán en Bucaramanga para los seguidores de esta serie de TV. No sólo sigue en pie, capaz de mantener un show de más de 2 horas a sus 65 años, sino que, además, evoca con un profundo sentimiento de admiración a uno de los pocos amigos que le dejó la vecindad, que le dejó la fama.

Claro, no es el mismo Kiko, está un poco más gordo, tiene un par de pliegues más en su piel, y de sus viejos amigos en la vecindad de Ciudad de México (el Chavo, el señor Barriga, el profesor Jirafales y su mamá doña Florida) tal vez le quedan sólo un par.

Pero eso no importa. él sabe que aún cuenta con la energía para ofrecer lo que, según él, fue el mayor talento que le entregó Dios para aprovechar en vida: hacer reír a la gente.

Tan es así que no para de llorar como si estuviera haciendo gárgaras contra un muro, no cesa de decir ‘sacazonapa’, de reírse con picardía mientras cierra un ojo y dice ¡qué malo soy!…, y de mover las piernas como una garza a la que le acaban de aplicar un tranquilizante.

Sin duda, inmortales hasta que la televisión sea obsoleta.

Así lo define Roberto Gómez Bolaños

Más allá de las disputas y querellas entre los hombres que encarnaron a Kiko y el Chavo, Roberto Gómez Bolaños no ha desconocido las capacidades artísticas de Carlos Villagrán.

Así lo definió en su último libro ‘Sin Querer Queriendo’ (sus memorias): “Carlos Villagrán hacía pequeños papeles en un programa que animaba Rubén Aguirre (profesor Jirafales), pero yo no había tenido la oportunidad de verlo. Sin embargo, lo conocí en una fiesta particular en casa de Rubén, donde éste y Carlos presentaron un sketch en el que hacían los papeles de un ventrílocuo y su muñeco, y que me hizo reír a más no poder.

“Carlos en el papel del muñeco llamado Pirolo hablaba con los cachetes inflados, lo cual le daba un aspecto abiertamente caricaturesco que favorecía ampliamente la comicidad del número. Esto me hizo recordar una de las causas de la risa que destaca Henri Bergson en su excelente estudio: “son frecuentes causantes de risa la humanización de lo mecánico y la mecanización de lo humano”. Era precisamente lo que hacía Pirolo”.

Preguntas y respuestas

Muchos comparan su personaje y el resto del elenco en El Chavo del Ocho con una obra de arte. ¿A qué atribuye la inmortalidad que parece signar a Kiko y su personaje?

“Es muy sencillo. Es quererlo hacer. Tu has oído a través del tiempo que todos los adultos tenemos un niño adentro, pues bueno, Carlos Villagrán tiene un niño adentro y tiene la suerte de exhortarlo y que es Kiko, el que todos ustedes conocen. Y bueno, hay que ser feliz en la vida. Muchas veces hablamos del paraíso para cuando muramos, y no es cierto, el paraíso es aquí mismo, tu ves lo verde, ves los diferentes verdes, el otoño cambia, cuando cae la nieve, cuando comes un plátano te sabe diferente a una naranja, te sabe diferente a un mango. Entonces… este es el paraíso, lo que pasa es que hay mucha gente que no se quiere dar cuenta. Por eso, queridos amigos, les digo, caigan en la cuenta de que este es el paraíso y hay que ser feliz, ayuda a tu prójimo, si puedes darle, entonces esfuérzate por dar más… Yo sugiero que nos demos la mano mundialmente, primero por salvar el mundo, porque en él está el futuro de nuestros hijos, entonces estamos hablando del futuro de todos.

¿Kiko refleja aspectos o características de la infancia vivida por Carlos Villagrán?

“¡Noooo!. Fíjate que Kiko tiene un poquito del generalizado de todos los niños. La pureza del niño, lo tonto, lo ingenioso, y en fin, toda esa riqueza que tienen los niños, sea coreano, ruso, árabe, o de cualquier parte del mundo. Entonces yo creo que Kiko es un niño del mundo y, bueno, no tiene nada que ver con mi niñez, no me apoyé en nada de mi vida en particular”.

¿Y hoy qué le desespera?

-Infla los cachetes y personifica a Kiko para responder: “Tu por ejemplo…no, no es cierto, no te creas” –risas y regresa a su realidad como Carlos-. Pues realmente lo que le desespera a Kiko ustedes los saben viendo el programa. Pero a Carlos Villagrán lo que le desespera es que en sus funciones no haya organización, o que un niño salga malherido, que se caiga o sufra algún accidente, cuando suceden amontonamientos. Por ejemplo, salimos hoy del Hotel y yo iba muy nervioso, porque ya me ha pasado que mucha gente que está atrás del tumulto avienta a la de adelante y un niño puede quedar debajo de la rueda del coche”.

¿Y a qué no le tiene paciencia?

“No, no. No es cuestión de paciencia, lo que les digo es cuestión de precaución con nuestros hijos”.

Los que siguen a Kiko saben cómo son sus días en medio de juegos y compañeros de la vecindad. ¿Cómo es entonces un día para Carlos Villagrán, cuando no personifica a Federico o Kiko?

“Soy un padre normal. Soy una persona normal, soy tu amigo, soy una persona muy agradecida. Dios nos dio a cada uno en este mundo a desarrollar algo. Dios nos dice todos los días tu tienes un talento para esto, tu para esto otro, tu tienes un talento para pintar, y bueno, a mi me dijo tu tienes talento para hacer reír a la gente y digo qué hermoso. Imagina, si yo puedo hacer reír a la gente es algo bonito. Entonces mi tarea es vestir de marinero, hacer de Kiko y hacer reír a la gente”.

Una pregunta cosmética. ¿Por qué si existen ahora tantas cirugías estéticas, Kiko no se ha mandado arreglar los cachetes de marrana flaca?

-De nuevo infla los citados cachetes y Kiko aparece.

“Pues porque no lo necesito. Yo ya vengo deforme de fábrica -saca el aire de los cachetes y vuelve a ser Carlos-. Los personajes como Kiko son eternos por tanta repetición, pero lo que pasa con el actor Carlos Villagrán o cualquier otro actor es que va envejeciendo, entonces hay que tener la precaución, la prevención para que en el momento preciso se diga, bueno, dejo el personaje y me dedicó a continuar como Carlos”.

¿Entonces cuándo Carlos dejará de ser Kiko?

“No lo sé, es un poco difícil decirlo. Creo eso sí que hoy (el lunes pasado) me despido de Bucaramanga, no regreso más y como quien dice, voy a colgar los tenis de Kiko… (risas) Y bueno creo que Dios me indicará el camino a seguir porque sí tengo que respetar a los seguidores de Kiko. Mi mayor enemigo es un niño que sale en la televisión, que soy yo mismo pero con 36 años menos. Hace 36 años empezamos el programa”.

Roberto Gómez Bolaños… (interpela Carlos y en tono jocoso dice, querrás decir Roberto Gómez bola de años y ríe sin prevención) señala que su mayor virtud fue la capacidad de mecanizar un personaje muy humano como lo es Kiko. ¿Qué opinión le merece esa definición teniendo en cuenta sus problemas con él?

“Pues aunque habla muy bien de mí, te digo que es sólo un punto de vista de miles que puede haber. Te digo, así como él dijo eso, existen millones de libros que hablan sobre eso, entonces lo que hay que hacer con esos comentarios es agarrar la esencia o lo que creas del libro y llevarlo a tu bien, lo que no te guste lo desechas y luego vienes y agarras otro libro y haces lo mismo. Entonces te digo, el punto aquí es tener criterio cada uno”.

¿Qué han representado o representan en su vida artística los siguientes nombres: Rubén Aguirre?

“Un buen amigo, un buen compañero de trabajo, un señor que cumplía con su trabajo, fuimos compañeros que nos llegamos a querer bastante y bueno, en realidad todos éramos una familia porque eso proyectábamos, y para Carlos Villagrán es un compañero muy querido”.

¿Ramón Valdés?

“Mi mejor amigo… (hace un silencio) que en paz espante… (más risas)”.

¿Florinda Meza?

“Te la vendo… jajajaja. Ahí pa’que montes los domingos”. (Más risas).

¿María Antonieta de las Nieves?

“Huele a azufre”.

¿Qué recuerda de Bucaramanga, pues la última vez que vino fue en septiembre de 1989?

“No lo puedo creer. ¿Hace 20 años viene por última vez aquí?… pero nada campeón, porque qué dijo Carlos Gardel: “que 20 años no es nada”. Y pues nada, sólo quiero agradecer a toda la gente que nos quiere en Bucaramanga y pues -(vuelve a personifica a Kiko)- heme aquí. Jajajajaja.

Por cuestiones de tiempo y a la ansiosa espera de más de tres mil espectadores que aguardaban su show en el Colegio La Presentación, Carlos Villagrán Eslava tuvo que comenzar a alistarse y convertirse en Federico o Kiko, un personaje que así como su amigo Ramón Valdés los acompañará a su tumba, pero le asegurará perpetuidad en la televisión latinoamericana.

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